No sé si la intención de Kloss aquí es asumir un discurso de alarma, pero cooincido con Karina en que recientemente el desarrollo y la proliferacion de nuevas formas de producir, difundir y leer contenidos editoriales han estimulado la curiosidad de los lectores, así como la creatividad de los editores de frente a los nuevos panoramas. Ya que, en el caso de los proyectos editoriales, estas nuevas posibilidades han dinamisado la explotación de esas nuevas maneras de producir, difundir y leer contenidos editoriales.
Además, no considero que los medios digitales hayan desplazado a las formas y a los medios tradicionales de producir y de leer contendos, puesto que desde hace ya más de una década, por toda América Latina y el mundo, se han venido recuperando medios de producción editorial clásicos, análogos y artesanales. La recuperación de la tecnología risográfica de los años ochenta o la recuperación de las tecnologías de impresión en tipos móviles (Impronta en Guadalajara, por ejemplo) demuestran todo lo contrario. Las editoriales cartoneras en el conosur ya cuentan con alrededor de dos décadas de existencia y sus manifestaciones han tracendido las fronteras territoriales. El incremento en las ferias de libro independiente se han multiplicado por todo nuestro continente, sirviendo esto como ejemplo de que más allá de una crisis en las formas de producción y en los medios de difusión de contenidos editoriales, se trata de una crisis en la manera de conceptualizar o repensar los lenguajes con los que nos referimos a los conceptos de libro, lectura, edición, etc.
En ese sentido sí coincido con Kloss, puesto que cada vez que surgen cambios sustantivos, al interior de las diferentes prácticas culturales de una sociedad, se producen rupturas que vuelven a poner de relieve las contradicciones inherentes a cualquier proceso de desarrollo social y humano.
Kloss tiene que bajarle dos a su alarmismo, porque no es pa' tanto.