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  1. Sep 2021
    1. Epílogo: Hacia modelos de presencialidad discontinua o intermitente por Albert Sangrà De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves. Que te enseñen a mirar con otros ojos. Mario Benedetti

      Se harán ímprobos esfuerzos para que el próximo curso académico pueda comenzar con la máxima normalidad, entendiendo esta como que se inicien a las clases de forma presencial. Debe ser así. Nadie pone en duda que la escuela, al menos, debe ser presencial, puesto que también es un espacio de socialización muy importante, especialmente en edades tempranas. Sin embargo, lo cierto es que no estamos en condiciones de saber a qué eventualidades nos vamos a enfrentar, ya no solo durante el próximo curso, sino durante un período de tiempo que, ahora mismo, resulta indeterminado. Y si se diese la circunstancia, en absoluto deseada, por supuesto, de que los estudiantes no pueden asistir a los centros educativos, convendrá que los centros vayan a ellos. Como ya hemos dicho antes, no hacer nada no es una opción. Dada la información de que disponemos, resulta altamente probable que la pandemia que nos azota genere rebrotes que obliguen a realizar nuevos confinamientos, totales o parciales y de duración más o menos reducida. Así, las medidas de seguridad sanitaria que se tendrán que aplicar en muchas instituciones educativas puede que lleven a organizar al estudiantado en grupos Editorial UOC Decálogo para la mejora de la docencia online 208 alternos para su asistencia a clase. Es ante esta situación que se empieza a hablar de desarrollar modelos híbridos de educación. El concepto híbrido, mixto o blended puede entenderse de muchas formas. Desde la posibilidad de que un mismo estudiante reciba una parte de su enseñanza de forma presencial y otra parte de forma online hasta que se trate de grupos de estudiantes distintos, con unos que se encuentran en una aula presencial y otros que están conectados en remoto, pasando por modelos completamente online, en los que se alternan momentos síncronos con momentos asíncronos (Beatty, 2019). No hay una única visión de lo que es híbrido. De la misma manera que generalizamos, aunque existe una amplia diversidad de modelos de educación online, que dependen del modo en el que activamos o utilizamos sus potenciales componentes, hablando de modelos híbridos sucede exactamente lo mismo, cosa que, por otra parte, también ocurre cuando nos referimos a las modalidades de carácter presencial. Existe, sin embargo, algo que resulta determinante para el caso que nos ocupa, y es quién puede tomar la decisión de aplicar un modelo u otro. El diseño de la mayoría de los modelos se ha llevado a cabo en situaciones de normalidad, donde, de alguna forma, podíamos controlar la mayor parte de las variables fundamentales que configuran tales modelos. No está nada claro que esta sea la situación en la que nos encontraremos. ¿Qué pasará cuando nuestra situación no sea del todo normal o sea, sobre todo, muy incierta? ¿Qué pasará cuando estemos sujetos a la volatilidad de la situación? ¿Qué sucederá cuando no podamos decidir nosotros? Pues que será necesario establecer los distintos escenarios posibles dentro de esa situación de incertidumbre, lo que nos permitirá actuar en consecuencia, en función de cómo se puedan alterar las condiiones de aplicación de nuestro modelo educativo. Por lo tanto, si bien los modelos híbridos responden a situaciones en las que se puede tomar la decisión de determinar las partes presenciales y no presenciales que los configuran, en nuestro caso, probablemente nos encontremos ante una necesidad un poco distinta, la de saber cómo diseñar programaciones en situaciones que imposibiliten la presencialidad de manera inesperada. Hacia modelos de presencialidad discontinua o intermitente Es probable que durante el próximo curso académico nos tengamos que enfrentar a una presencialidad discontinua o intermitente. Puede que el curso comience presencialmente, pero deberemos preparar momentos de intermitencia mediante la modalidad online, y en los que deberemos dar total apoyo al alumnado. A partir de ahí, cabe empezar a diseñar programaciones que contemplen el logro de cada competencia en los dos entornos diferentes, presencial y virtual, y establecer los vínculos que permitirán enlazar las actividades que se hagan en un entorno con el otro. El modelo de presencialidad discontinua nos viene forzado por la imposibilidad de coincidir en el espacio en un período dado, probablemente de duración indeterminada. Ante esos momentos de apagón, serán las capacidades y la previsión de nuestro profesorado lo que nos permitirá superar la situación con nota, siempre que el equipo docente disponga del apoyo y la formación adecuados. En estas acciones, tendremos que añadir siempre una estrategia comunicativa bien diseñada, dirigida también a las familias para que tengan toda la información y les resulte fácil comprender lo que hacemos y cuál es su rol en esta modalidad de presencialidad discontinua. Aunque muchos aspectos que estos días han generado una situación de desigualdad educativa podrían quedar muy paliados con la aplicación de las estrategias citadas, no hay que olvidar que hay una serie de condiciones imprescindibles para poder obtener un buen rendimiento de los momentos virtuales del modelo de presencialidad discontinua. Hay que resolver el acceso a internet y a dispositivos suficientes por parte de todas las familias, y garantizar que el profesorado dispone de las herramientas necesarias en casa para ejercer la docencia no presencial con suficiencia. Diseñar los momentos presenciales y online para generar un tránsito fluido El principal objetivo debe ser conseguir un tránsito fluido entre los momentos presenciales y los no presenciales. Esta fluidez permitirá que los cambios —inesperados— no se vivan de forma traumática, sino natural. El cambio y lo que supone, cuando se conozca su resultado, será asumido con mayor serenidad. Esto nos permitirá reducir la tensión emocional que en estos días de incertidumbre y de situaciones inesperadas se ha producido entre estudiantes, docentes y familias. Debemos diseñar los momentos presenciales y los no presenciales como si fueran un continuo, aunque no sepamos cuándo llegarán unos y otros. No debemos diseñar, por un lado, los momentos presenciales y, por otro, los no presenciales. Nos urge aplicar el concepto de entorno de 360º también a la realidad digital. Solo de esta manera seremos capaces de darle sentido a la totalidad. Hay que ligar la presencialidad y la virtualidad entre sí, de manera que, cuando convenga, las dos fluyan con absoluta naturalidad. Es muy importante que durante las clases presenciales se enseñe y se aprenda a utilizar los entornos virtuales de modo eficiente, tanto por parte del grupo docente como de los alumnos (competencia digital discente). Hay que tener presente aquel principio que dice que el aprendizaje no es solo lo que ocurre cuando el docente está mirando. El resultado habitual de poner en práctica este principio es, para algunos, el concepto de clase invertida. Pero no es exactamente eso. Primero porque la clase invertida la hemos decidido nosotros en una situación de normalidad, y esta no lo es. Y después porque en el período online no debemos limitar la actividad básica del alumnado a leer o visionar contenido. Se pueden desarrollar muchas otras actividades de aprendizaje de manera virtual, individualmente o en grupo: ejercicios de síntesis, análisis de casos, juegos de rol virtuales, debates, proyectos... En capítulos anteriores tenemos un buen conjunto de ejemplos que nos ayudarán. Los criterios para decidir qué actividades emplear nos los dan sus posibilidades de interacción (presencial o virtual) y la motivación que puedan generar entre los alumnos para que se impliquen. Obviamente, con el fin de aplicar estas metodologías en un entorno online, los docentes deben estar entrenados. Gestionar el tiempo de otra forma: una distribución razonable y sostenible de la sincronía y la asincronía Los entornos digitales están muy infrautilizados, especialmente con respecto al valor que pueden aportar al proceso educativo. Para sacar el máximo provecho, hay que elaborar el diseño desde una situación de no presencialidad, desde una mirada completamente diferente a como lo venimos haciendo. Cuando se hace al revés, la falta de experiencia en la modalidad online limita enormemente las posibilidades de diseño y ejecución de actividades o recursos que el entorno digital aporta, porque pensamos desde una óptica presencial y, por tanto, limitante. La utilización de la sincronía y la asincronía es un buen ejemplo de lo que acabamos de decir. La interacción no puede ser solo síncrona porque mantenerla así es insostenible. Hay que descubrir, valorar y aplicar, en el diseño de las programaciones, mecanismos asíncronos, entenderlos como partes íntimamente imbricadas en el flujo del proceso educativo. Igual que los momentos de presencialidad y no presencialidad, los momentos de sincronía y asincronía también deben diseñarse simultáneamente. Hay que descubrir el potencial que tiene la asincronía para el aprendizaje y valorarla como un mecanismo que aporta más agilidad y flexibilidad. Nos la da a nosotros y se la da al alumnado, permitiéndole utilizar en momentos distintos los dispositivos que tiene en casa, contribuyendo a la redistribución de estos recursos. La asincronía hay que aprender a usarla durante el periodo de presencialidad, y así facilitar el cambio de entornos de manera fluida. Redefinir la organización Nuestras instituciones educativas se han organizado y dimensionado sobre la base de una educación únicamente presencial. Por eso suele ser tan difícil su transformación digital. Ahora nos encontramos ante el reto de reorganizar nuestras rutinas y nuestros espacios, pero también nuestros no-espacios. Para ello tendremos que actuar para y con los docentes y los estudiantes. Por un lado, es muy importante apoyar el desarrollo de la autonomía del estudiantado y de su capacidad de planificación y autoregulación (Zimmerman, 2008). De hecho, cabe recuperar el concepto de desarrollar en el alumnado el oficio de estudiante, aquel conjunto de capacidades, habilidades y destrezas que permiten sacar el máximo partido al propio esfuerzo. Debemos reorganizarnos para desarrollar al máximo, y no solo sobre el papel, la competencia de aprender a aprender, y las tecnologías nos pueden ayudar a ello (Rocosa; Sangrà; Cabrera, 2018). A su vez, tenemos que conseguir que hagan suyo el entorno digital en el que se relacionarán con sus iguales y con el profesorado, y que compartirán con sus familias cuando estén en casa. Por otro lado, buena parte del profesorado se ha sentido saturado estos días por la carga de trabajo, tangible y emocional, producida por la cantidad de horas que han tenido que estar delante de una cámara o respondiendo los mensajes de los estudiantes en tiempo real. A muchos les ha dado la sensación de que estaban dedicando veinticuatro horas al día y siete días a la semana a atender a su (o sus) grupo de clase. Esto no se puede repetir. Es cierto que, mediante el aprendizaje y la práctica de las estrategias mencionadas más arriba, la carga de trabajo de los docentes disminuirá. Pero con eso solo no será suficiente. Se tiene la errónea concepción de que la educación online es más económica, y que esto es así porque funciona con menos recursos. No es verdad. Si se quiere ofrecer una modalidad online de calidad en un contexto de presencialidad discontinua, hay que asumir determinados costes que son estrictamente necesarios. Y también hay que asumir un cierto grado de nueva organización del aprendizaje. Hay que ajustar las ratios a esta nueva situación, de manera que se redistribuyan las horas de trabajo del profesorado, dado que hay dos espacios (online y presencial) y deben atenderse ambos. La utilización de personal docente de apoyo en estas circunstancias que, a su vez, permitiera ir preparando y formando docentes para el desarrollo futuro de la educación en una sociedad cada vez más digitalizada sería un recurso que las administraciones deberían valorar. Por ejemplo, la posibilidad de crear nuevas figuras de profesorado asistente en los contextos virtuales. Asistente, que no precario. Del mismo modo, se podría valorar que los estudiantes que tienen que hacer prácticas las hagan también de docencia online, apoyando al grupo docente que, en esos determinados períodos, debe trabajar desde casa. En este sentido, es muy importante que el profesorado del futuro tenga la realidad digital interiorizada y experimentada, y que eso se haga, también, durante su periodo de formación inicial que califica para el ejercicio de la práctica profesional. Ciertamente, no sabemos cómo va a ser el futuro inmediato, pero sí sabemos que no podremos reaccionar de la misma forma que lo hemos hecho ahora, porque ya estamos avisados. Intuir escenarios posibles y diseñar modelos que les puedan dar respuesta es la vía que nos garantiza mejores resultados. La asunción de las ideas expuestas nos puede permitir un tránsito fluido entre momentos de naturaleza presencial y no presencial, sin que el aprendizaje se resienta por ello. Necesitamos una mirada larga y una gran capacidad de análisis y convicción. La educación online está de nuestra parte. Adelante.