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  1. Oct 2024
    1. esta ceguera al género, tal vez comprensible en las encuestas levantadas para difusión y divulgación periodística, está también presente en las mediciones reali- zadas por instituciones académicas que se utilizan para investigaciones científicas y para el diseño de política pública. Me refiero puntualmente a la Encuesta Nacional de Migración (ENM), de la colección “Los mexicanos vistos por sí mismos; los gran- des temas nacionales” elaborada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 2014 y la Encuesta Nacional México, Las Américas y el Mundo (LAYEM), implementada por el Centro de Investi- gación y Docencia Económicas (CIDE) en 2018 y 2019. La ENM es una encuesta pionera en el estudio de las actitudes sociales frente a la inmigración internacional. En su cuestionario arroja resultados ricos para eva- luar las percepciones que tiene la sociedad mexicana sobre la población extranjera y los derechos a los cuales deben o no tener acceso. Sin embargo, esta encuesta retrata a las pesonas inmigrantes como un grupo homogéneo y el origen nacional es la única categoría que ofrece datos diferenciados. El cuestionario de la ENM utiliza en todas sus preguntas el supuesto neutro masculino: “los extranjeros”, por lo que, de nueva cuenta, es imposible analizar la variación de las respuestas en función del género.

      La ceguera de género en las encuestas académicas tiene consecuencias profundas en la calidad de la investigación y en la formulación de políticas públicas. me pareció interesante porque al no considerar las diferencias de género, las investigaciones pueden perpetuar estereotipos y crear políticas que no abordan adecuadamente las necesidades de las mujeres migrantes. considero que es problemático en un contexto donde las mujeres migrantes pueden enfrentar formas específicas de discriminación y violencia que no son capturadas en un análisis que no diferencia por género. y la falta de datos desagregados por género limita la capacidad de los investigadores y responsables de políticas para diseñar intervenciones efectivas y equitativas

    2. De los muchos mitos que existen respecto a México y su sociedad, quizá dos de los más perversos son que el racismo no existe y que somos un país de puertas abiertas frente a la inmigración extranjera. Estas falsas creencias, enraizadas profundamente en la opinión popular, derivan en una falta de curiosidad institucional por implemen- tar mecanismos para medir la discriminación y la xenofobia en la opinión pública mexicana. En consecuencia, en contraste con otros países, en los que las encuestas sobre actitudes de discriminación tienen una larga data acumulada, la implementa- ción de este tipo de encuestas en México no tiene más de quince años (Álvarez Icaza Longoria, 2018). El debate alrededor de la efectividad de la encuesta como instrumento para conocer y medir las actitudes sociales de discriminación es amplio. Metodológica- mente, se ha cuestionado su capacidad para mitigar el sesgo de deseabilidad social, es decir las respuestas guiadas por el deber ser y la pretención de corrección política en la persona entrevistada que no acepta públicamente tener actitudes discrimina- torias. Este sesgo, también llamado de cortesía, resulta en un problema estadístico de no respuesta o en la selección de aciertos neutros o equivocados (D ́Ancona & Martínez, 2010; D’Ancona, 2002; Olmos Alcaraz & Martín Godoy, 2020). Este breve texto no pretende hacer una crítica metodológica a las encuestas como instrumento de medición para la xenofobia y el racismo, pues se reconoce que a pesar de sus limitaciones, las encuestas son un instrumento poderoso para anali- zar las tendencias en la opinión pública por sus resultados representativos a gran escala. Esta nota busca, desde una epistemología feminista, señalar la deficiencia que han tenido las recientes encuestas sobre discriminación en México, particular- mente aquéllas que miden las actitudes hacia a las personas migrantes, que al no incorporar una perspectiva de género en los cuestionarios, retratan una realidad equivocada: la de un país al que sólo llegan y por el que sólo transita una migración masculina.

      para mi la representación de la migración a través de imágenes y narrativas predominantemente masculinas contribuye a una percepción social que ignora la realidad de las mujeres migrantes. Esta masculinización de la narrativa migratoria no solo afecta la visibilidad de las mujeres, sino que también influye en la opinión pública y en la forma en que se perciben las políticas migratorias. La falta de representación puede llevar a la desinformación y a la perpetuación de mitos sobre la migración, lo que a su vez puede afectar la empatía y el apoyo hacia las mujeres migrantes

    3. Ante este panorama sin precedentes, las empresas encuestadoras nacionales levantaron sondeos para conocer la opinión pública de la sociedad mexicana frente a la inmigración extranjera, principalmente, la centroamericana. Como nunca antes, aparecieron publicadas en periódicos encuestas que reflejaban las posturas a favor o en contra de que el gobierno mexicano recibiera estos flujos, les otorgara refugio, los deportara a sus países de origen, les ofreciera empleo o los dejara transitar li- bremente (Consulta Mitofsky, 2020; El Universal, 2018; Moreno, 2019; Parametría, 2019). La riqueza analítica de estas publicaciones es incuestionable. Nos proporcio- naron a quienes estudiamos la migración y la xenofobia una oportunidad gratuita de conocer las opiniones respecto a la inmigración en nuestro país. Sin embargo, estas encuestas, como otras que implementan universidades —sobre las que se detallará más adelante—, presentan una ceguera de género por la que no sólo exploran, sino que también reproducen una realidad migratoria androcéntrica y por tanto, equivo- cada. Estas encuestas masivas, en primera instancia, utilizan el supuesto neutro masculino en las preguntas: “hondureños” “indocumentados” “los migrantes”. Este diseño de cuestionario ciego al género da por sentado que quien responde las pre- guntas incluye en su evaluación opiniones respecto a la migración tanto masculina como femenina. Pero en un país en el que la migración femenina ha permanecido casi invisible en el imaginario social, difícilmente el neutro masculino detona las apreciaciones respecto a las mujeres. En segundo lugar, los cuestionarios no diferen- cian entre percepciones sobre los migrantes y las migrantes, por lo cual imposibilita una comprensión interseccional entre categorías de migración y género.

      La utilización del neutro masculino en las encuestas refleja una tendencia común en la investigación social que ignora las especificidades de género. Al asumir que las opiniones sobre "los migrantes" abarcan tanto a hombres como a mujeres, se pierde la oportunidad de captar las diferencias significativas en las experiencias, desafíos y percepciones que enfrentan las mujeres en el contexto migratorio. Esto puede llevar a una representación distorsionada de la realidad migratoria, donde las voces y necesidades de las mujeres quedan relegadas.