“¿Educamos para pensar o para obedecer?” En muchas aulas, el silencio es confundido con disciplina, y la repetición con aprendizaje. Se espera que los estudiantes memoricen, repitan y aprueben, pero no siempre que cuestionen. ¿Qué ocurre cuando un estudiante levanta la mano para disentir? ¿Lo celebramos como pensamiento crítico o lo corregimos como falta de respeto? Educar no debería ser domesticar. El pensamiento crítico nace cuando se permite la duda, cuando se enseña a leer entre líneas, a identificar intenciones, a reconocer que todo texto tiene un contexto y todo autor una postura. Si queremos formar ciudadanos libres, debemos enseñarles a pensar, no solo a responder.
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- Sep 2025
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