Hay tantas cosas que los niños se ven obligados a aprender a pesar de que sabemos que nunca le serán útiles… Mi padre pensaba que formar pronto a los niños en aquello que se les da mejor era necesario. Confieso que lo que pasa en Estados Unidos me resulta muy raro: la mayoría de los chicos de 18 o 20 años no saben aun qué quieren hacer. Quizá en Europa ocurra algo menos. Pero allí, los dos primeros años los universitarios solo estudian materias generales, y luego eligen algo. Pero en el 90% de los casos se equivocan o, al menos, acaban haciendo algo distinto.
Todos los docentes alguna vez fuimos testigos de las interrogantes de los estudiantes respecto a la utilidad de aprender ciertos temas en las instituciones educativas. ¿Cuándo voy aplicar el trinomio cuadrado perfecto en mi vida? Por el contrario, desde la visión de Polgar se debería fortalecer y trabajar en lo que se le da mejor al niño. Sin embargo, los padres prefieren pagar clases particulares para reforzar aquellas materias donde tienen dificultad. Debemos empezar con el apoyo de la familia hacia los intereses del niño. Ese es el inicio para formar genios. De esta forma, se evita la deserción en las universidades al enfrentarse a carreras que no les gusta. Incluso, se evitaría la incertidumbre de los jóvenes al no saber qué hacer.