En los documentos nacionales de política científicay en la bibliografíasobretaxonomía de la ciencia abierta (p.ej. Silveira et al., 2023)los preprints se contemplan como un componente esencial tanto de la ruta verde delacceso abierto como de una ciencia más transparente, ágil y participativa, e
Aquí hay dos cuestiones: 1) que actualmente el movimiento de ciencia abierta se está concentrando más en el tema de los datos de investigación y se está dejando de lado (o no dándole la importancia debida) a otras tareas que pueden hacer a las revistas de acceso abierto más abiertas. 2) Por otro lado, si bien no se pone en duda la utilidad del preprint para comunicar de manera rápida los resultados de investigación hay una contradicción que debería discutirse. Si la ciencia abierta busca que dicha ciencia sea más democrática y participativa, esto es, que la sociedad civil pueda participar de sus procesos (p.e. la ciencia ciudadana) cabría preguntarse si los preprints son la mejor herramienta disponible. Y aquí vuelvo al tema de la capacidad que tienen para llegar a los lectores. Si los preprints pueden llegar a lectores no especializados (que buscamos involucrar en la producción científica), pero éstos no tienen las herramientas necesarias para distinguir un trabajo que ha pasado el proceso de filtrado (ergo, ya ha sido validado por la comunidad científica y ha pasado por un proceso de curado) de uno que sólo ha sido "colgado" y que, en un proceso de revisión por pares, podría ser rechazado por tener información errónea, incompleta o, incluso falsa ¿cómo dotar a esos lectores no especializados que buscamos involucrar de habilidades para discriminar información? Quizás ésta sea una razón para que las revistas sí deberían aceptar preprints para el proceso de evaluación, no obstante, cabría también preguntarnos sobre las ventajas de su proliferación cuando la producción supera con mucho la capacidad de la comunidad científica para dialogar y revisar estos preprints. Me parece que hacernos estas preguntas es especialmente importante en una época donde el terraplanismo vuelve a encontrar espacios de difusión, no para rechazar los preprints, sino para pensar cómo nos hacemos cargo de los efectos adversos que pudieran traer consigo. También para preguntarnos sobre la capacidad que tienen los repositorios para encontrar a los lectores. No es el objetivo de este artículo, claro está, pero se trata de un texto estimulante que alienta muchas preguntas y discusiones en torno a qué políticas asumimos o no en las revistas.