Una de las críticas que se le suele hacer a la inteligencia artificial generativa (que como conté en otro post, es una sección muy específica de la IA) y que yo mismo hago, es que va a atrofiar nuestra capacidad de hacer y pensar cosas críticamente. Si decides programar usando sólo un chatbot (una práctica llamada “vibe coding” en inglés), vas a delegar constantemente no sólo el trabajo, sino la capacidad de aprender cómo hacerlo. Nunca vas a aprender a programar bien. Ni siquiera vas a saber cómo corregir los errores que salgan de ese vibe coding, porque no vas a saber identificarlos. Lo mismo puede pasar con cualquier actividad humana que se le delegue a una inteligencia artificial: escribir, componer o tocar música, pensar en argumentos, lo que sea.
Yo me sentí muy identificada con la parte donde dice que, si dejamos que la IA lo haga todo, terminaremos sin saber hacer nada por nosotros mismos, incluso a veces me pasa que uso ChatGPT o traductores para escribir algo rápido, pero después me doy cuenta de que mi propia capacidad para redactar o pensar argumentos se va oxidando. Creo que el ensayo nos recuerda que la práctica humana sigue siendo esencial.