Por eso uno puede tener un ejemplo como el caso cubano, como el caso de la Cuba posrevolucionaria, donde a pesar de existir altísimos niveles de igualdad el racismo continúa, el racismo no desaparece.
El ejemplo de Cuba es relevante porque demuestra que incluso en un país con niveles relativamente altos de igualdad, el racismo puede persistir. El caso de Cuba desafía la noción de que abordar por sí solo las disparidades económicas eliminará automáticamente el racismo, enfatizando la necesidad de un enfoque multifacético.