Plantea es que la Psicología, tal como se ha configurado históricamente, tiene raíces conservadoras e individualistas. Eso significa que gran parte de la disciplina se ha centrado en el individuo aislado, en sus procesos internos, sin atender con suficiente fuerza a lo que Marx llamaría las condiciones materiales de existencia. El artículo propone recuperar la perspectiva crítica y liberadora que Ignacio Martín-Baró desarrolló, precisamente porque él entendía que la psicología debía situarse en la vida concreta de las personas y en su contexto histórico, social y político.
Para llegar a ese punto, el texto dialoga con otros autores que también han trabajado desde marcos marxistas, como Reich, que analiza cómo la ideología penetra hasta en la vida psíquica y en la organización del deseo, o Ratner, que retoma a Vygotsky para insistir en que no hay subjetividad fuera de un entramado sociohistórico. Laraia, desde la antropología, recuerda que el ser humano es producto del medio cultural en el que se socializa. Todo esto converge en una misma dirección: si la Psicología se desentiende del contexto social y cultural, se convierte en una ciencia mutilada, incapaz de comprender plenamente a su objeto.
El aporte central de Martín-Baró —que el artículo recupera— es la idea de una Psicología Social de la liberación. Esto supone considerar de forma seria las contradicciones de clase, los procesos de deshumanización que genera el capitalismo y, al mismo tiempo, las luchas sociales que abren horizontes de emancipación. El marxismo aquí no se presenta como un dogma, sino como una herramienta crítica para interrogar tanto la práctica científica como la praxis social.